Inauguración: viernes 16 de enero, a las 18:30 h
Julia Dorado es uno de los pilares fundamentales sobre los que se sustenta el mundo de la pintura en Aragón. Integrante del Grupo Zaragoza, formado por Juan José Vera, Daniel Sahún y Ricardo Santamaría, Julia ha realizado exposiciones en las salas más emblemáticas de Zaragoza, como La Lonja, el Palacio de Sástago o la sala CAI Luzán, entre otras. También ha sido galardonada con el premio artístico más importante de nuestra región: el Premio Aragón Goya, otorgado por el Gobierno de Aragón. Es importante decir que, para nosotros, es un honor poder disfrutar de su pintura en las Salas UNED de Calatayud.
La exposición que Julia nos presenta pertenece a un periodo muy concreto de su trayectoria: los años noventa, una época de adaptación y asentamiento en el que fue su nuevo lugar de residencia, Bruselas, ciudad en la que vivió durante más de veinte años. Toda la obra que se expone tiene como hilo conductor la utilización del papel, ya sea mediante collages y acrílico o en la creación de monotipos, técnica de estampación que produce una única copia de una obra.
El motivo de la utilización del papel vino dado por una peculiar sucesión de acontecimientos que comenzaron con la búsqueda de casa. Julia no paraba de buscar vivienda en los inmensos periódicos de la época y, por una labor de reciclaje, comenzó a integrarlos en sus obras. Así pues, el periódico belga VLAN se convirtió en un elemento omnipresente en las piezas que conforman esta exposición.




Muestra de la obra "Los noventa al pie de la letra", de Julia Dorado
Anécdotas aparte, en estas obras observamos la curiosidad incesante de una artista inconformista y muy dada a explorar nuevos medios y formas de expresión. A mi parecer, en esta época tan fructífera, Julia abrió nuevos caminos en su desarrollo como pintora. El primero fue el uso tremendamente delicado del color, desarrollado a comienzos de los años noventa, en donde empleaba infinitas gamas de grises y tierras yuxtapuestos. El segundo fue el uso del grafismo, en distintos ritmos e intensidades, como protagonista y organizador de las obras. A finales de los años ochenta ya aparecían grandes trazos que componían la superficie de sus lienzos, pero fue en Bruselas donde la artista, a mi parecer, rompió y liberó la superficie de la tela por completo. Por último, quisiera destacar la creación de los monotipos, técnica muy recurrente en la obra de la pintora y en la que encontramos a una artista libre, que se deja llevar por la curiosidad y el accidente. Una libertad propia de la niñez: espontánea, genial, como la propia pintora.
Eduardo Lozano Chavarría.
Director de las Salas de Exposiciones de la UNED de Calatayud