Conclusiones del Curso de Verano
Vivir más años es una conquista colectiva. Conseguir que esos años puedan vivirse con dignidad, recursos suficientes y capacidad para decidir exige un compromiso de toda la sociedad. Esta idea recorrió el curso de verano «Vivir más, vivir mejor: claves y desafíos de la longevidad en una sociedad que envejece», celebrado en la UNED de Calatayud con participación presencial y online.
Propuesto por el Vicerrectorado de Estudiantes e Inclusión de la UNED, el curso estuvo dirigido por Pilar Gomiz Pascual y coordinado por Luis Joaquín Simón Lázaro, director del centro. Durante tres jornadas, las intervenciones combinaron el conocimiento académico, la experiencia profesional, las aportaciones de las organizaciones sociales y la voz de las propias personas mayores.
La ponencia inaugural de Isabel Martínez Lozano, presidenta de Help-Age España, situó la longevidad en el terreno de las políticas públicas. El aumento de los años de vida, fruto de mejoras sanitarias y sociales, obliga a revisar la organización de los cuidados, la vivienda, los servicios y los espacios de participación. La pregunta que acompañó las sesiones fue cómo adaptar nuestras instituciones a una sociedad que ha cambiado y sigue cambiando.
El empoderamiento y el talento de las personas mayores ocuparon también un lugar destacado. Uno de los ejemplos recuperados en las conclusiones fue el de Isidoro Martín Hernández, doctorando de la UNED a los ochenta años. Su trayectoria permitió cuestionar las expectativas que ponen fecha de caducidad al aprendizaje y a los proyectos personales. Ante la pregunta de para qué comenzar una tesis a esa edad, la respuesta planteada durante el curso fue sencilla: «¿Y por qué no?».
Las aportaciones de Fernando Flores, Carlos Ramos y Vania de la Fuente conectaron los derechos humanos, la actividad física y la lucha contra el edadismo. Reconocer los cambios asociados al envejecimiento permite identificar posibilidades de prevención, adaptación y mejora. Atribuir cualquier dificultad a «cosas de la edad», en cambio, puede limitar las oportunidades de atención y las expectativas de bienestar.
Los cuidados suscitaron otra de las reflexiones centrales: necesitar ayuda no significa perder la capacidad de decidir. Una persona puede requerir apoyo para actividades cotidianas y conservar sus preferencias sobre dónde vivir, con quién relacionarse o cómo recibir esa ayuda. Desde esta perspectiva, la calidad de los cuidados también se mide por el control que permiten mantener sobre la propia vida.
Las mesas redondas ampliaron el debate sobre las barreras, los prejuicios y el papel de las personas mayores en la sociedad. La digitalización apareció como un ejemplo especialmente próximo: un servicio puede incorporar nuevas herramientas y, al mismo tiempo, resultar menos accesible. Tener que recurrir a otra persona para realizar un trámite antes autónomo resuelve una gestión, pero puede generar una nueva dependencia.
La perspectiva de género y discapacidad permitió profundizar en la diversidad de las experiencias de envejecimiento. Como se recordó en el cierre, «la vejez tiene biografía». Las trayectorias educativas y laborales, los ingresos, el territorio, las redes de apoyo y los cuidados prestados durante décadas influyen en las condiciones en las que se llega a esta etapa. Las desigualdades acumuladas a lo largo de la vida también envejecen.
En la sesión final, Pilar Gomiz reunió estas reflexiones en doce aprendizajes y abrió un intercambio con el alumnado. Las aportaciones transmitieron esperanza, una mayor sensibilidad hacia el envejecimiento y el deseo de seguir aprendiendo. Una participante lo expresó con una imagen: «Me llevo unas gafas nuevas para ver las cosas de diferente forma».
El cierre subrayó que el envejecimiento saludable no puede convertirse en una exigencia que atribuya toda la responsabilidad al individuo. Los hábitos personales importan, pero también las condiciones materiales, los servicios y las oportunidades disponibles. De ahí la necesidad de pasar de los retos a las responsabilidades de las administraciones, las universidades, las empresas, las familias y la ciudadanía.
«Vivir más es el logro. Conseguir vivir mejor es la tarea colectiva que tenemos todos y todas por delante». Con estas palabras, la directora del curso sintetizó unas jornadas que invitaron a reconocer a las personas mayores como protagonistas de sus propias vidas y de la sociedad que compartimos.
Doce aprendizajes fundamentales
- La longevidad es una conquista social
- Cumplir años no extingue los proyectos de vida
- El envejecimiento no hace inevitable todo deterioro
- Necesitar cuidados no equivale a perder autonomía
- Los derechos deben poder ejercerse a cualquier edad
- La protección debe ser compatible con la libertad
- Combatir el edadismo requiere cambiar prácticas y representaciones
- La vejez es diversa y tiene biografía
- La accesibilidad también debe abarcar el entorno digital
- Participar significa poder influir y decidir
- La perspectiva de género debe atravesar el análisis del envejecimiento
- Vivir mejor es una cuestión de justicia social

