Una misión que no caduca

Una misión que no caduca

Este 24 de septiembre cerramos el año conmemorativo del 50.º aniversario de la UNED de Calatayud. Ha sido un tiempo de encuentros, de recuerdos y de intensa actividad, pero también una oportunidad para detenernos a pensar en el significado de esta institución. Al concluir la celebración, siento, ante todo, gratitud. Hacia quienes han hecho posible este año y hacia quienes, mucho antes que nosotros, comenzaron a construir el proyecto del que hoy somos responsables.

En 1975, la creación de un centro universitario en Calatayud abrió un horizonte de esperanza y oportunidades. Para muchas personas, estudiar una carrera había sido hasta entonces una posibilidad lejana, condicionada por el lugar de residencia, el trabajo, las responsabilidades familiares o las circunstancias de su vida. La llegada de la UNED permitió imaginar otros caminos. Hizo posible retomar estudios, transformar una trayectoria profesional o dar respuesta a una inquietud intelectual largamente aplazada.

Esa aportación se comprende mejor cuando pensamos en las personas. En quien estudiaba después de una jornada de trabajo. En quien recuperó la confianza en su capacidad para aprender. En quienes tuvieron que organizar cuidadosamente su tiempo para compatibilizar los libros con el cuidado de su familia. En quienes encontraron en la universidad una forma de comprender mejor el mundo y de participar en él. La historia de la UNED de Calatayud está hecha de esas decisiones y de la perseverancia necesaria para sostenerlas.

Durante este aniversario, hemos querido reconocer esa historia compartida. El acto académico de noviembre, los testimonios recogidos en el vídeo conmemorativo y los encuentros con nuestra comunidad universitaria nos han recordado que una institución adquiere sentido a través de las personas que la habitan. Detrás de cada título hay esfuerzo; detrás de cada oportunidad, un trabajo colectivo que merece ser reconocido.

Más de medio centenar de iniciativas académicas, culturales y divulgativas han acompañado la conmemoración. Su diversidad expresa una manera de entender la universidad: abierta a la sociedad, atenta a sus preguntas y dispuesta a compartir conocimiento. Hemos acercado la ciencia a escolares, abordado la salud mental adolescente y los apoyos a las personas con discapacidad, compartido literatura y cine y promovido el estudio del patrimonio. Hemos seguido aprendiendo con quienes se acercan a UNED Sénior y hacen de la curiosidad una compañera de vida.

Esta actividad ha tenido una dimensión territorial que forma parte de nuestra identidad. Calatayud, Caspe y Ejea de los Caballeros, junto con otras localidades y comarcas en las que desarrollamos nuestra labor, componen una realidad universitaria construida desde la proximidad y la colaboración. La presencia de la UNED cobra un valor especial allí donde facilita que las personas accedan al conocimiento sin desvincularse de su entorno. Cada aula y cada iniciativa compartida contribuyen a que la universidad forme parte de la vida del territorio.

Algunas propuestas del aniversario nos han permitido reconocer de manera especialmente clara el legado recibido. La exposición de nuestra colección artística reúne obras que los creadores han donado a lo largo de los años, y conserva también la huella de quienes impulsaron y cuidaron las salas de exposiciones. La recuperación del ciclo de cine recoge el testigo de José Verón y lo proyecta hacia una nueva etapa. En ambos casos, la continuidad nace del reconocimiento y del cuidado de lo que otros nos confiaron.

Este ha sido, asimismo, un año exigente. La programación conmemorativa ha requerido dedicación, coordinación y un esfuerzo añadido al trabajo cotidiano del Centro. Quiero expresar mi agradecimiento al personal técnico, de gestión y de administración y servicios, al profesorado-tutor y a quienes han asumido responsabilidades en las distintas actividades. También al estudiantado, a las personas participantes y a las entidades colaboradoras. Su implicación ha permitido culminar satisfactoriamente un año de profunda emotividad.

Ese agradecimiento se extiende a las instituciones que sostienen nuestro proyecto: la UNED, la Diputación Provincial de Zaragoza, el Gobierno de Aragón y los Ayuntamiento de Calatayud, Caspe y Ejea de los Caballeros, así como a los ayuntamientos y entidades que hacen posible nuestra presencia en el territorio. La cooperación institucional ha sido decisiva desde el origen del Centro y sigue siendo una condición fundamental para su futuro.

Al cerrar el aniversario debemos reconocer que cuanto hemos logrado descansa sobre una labor anterior. Nos precedieron personas que imaginaron posibilidades, asumieron responsabilidades y dedicaron una parte importante de sus vidas a hacer crecer esta institución. Nos corresponde recibir esa herencia con gratitud y transmitirla enriquecida a quienes vengan después.

Porque nuestra misión no caduca. Cambian las tecnologías, las necesidades formativas y las circunstancias de quienes estudian. Esos cambios nos exigen revisar nuestras respuestas y renovar nuestros medios. La aprobación de la creación del Aula Universitaria de Villamayor de Gállego y la ampliación de la oferta académica expresan esa voluntad de seguir avanzando. El sentido de nuestro trabajo permanece: ampliar oportunidades, acompañar el aprendizaje y poner el conocimiento al servicio de las personas.

Concluimos la celebración con la satisfacción del esfuerzo compartido y con la responsabilidad de dar continuidad a lo que hemos recibido. El horizonte de esperanza que la UNED de Calatayud abrió hace cincuenta años sigue siendo necesario. Mantenerlo abierto, y conseguir que otras personas puedan reconocer en él una oportunidad para sus propias vidas, es la tarea que tenemos por delante.

Luis Joaquín Simón Lázaro
Director de la UNED de Calatayud

La UNED de Calatayud culmina su 50.º aniversario
Más de medio centenar de iniciativas académicas, culturales y divulgativas han acompañado un año de celebración que ha reconocido el legado de quienes construyeron el Centro y reafirmado su vocación de servicio público.

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